10.12.09

AMANDA CÉSPEDES "Educar las emociones, educar para la vida"


Amanda Céspedes, neurosiquiatra infantil, en su nuevo libro impulsa a los padres a cambiar los castigos por conversaciones. "Los padres creen que son más débiles si escuchan a sus hijos".

Hace un tiempo, saliendo de una estación del metro a la hora de mayor tránsito, la neurosiquiatra Amanda Céspedes se encontró en el camino con una joven mamá que no hacía más que gritarle a su hijo, un niñito de unos cuatro años sumido en un berrinche incontrolable. Entonces, no pudo evitar involucrarse:

- Fui muy dura con ella y le dije que no podía tratar así a su hijo. Ella se sentó en el suelo y me dijo, entre lágrimas: si usted supiera el nivel de estrés que tengo... Yo me quedé pensando que es cierto, que todos hoy vivimos con estrés. Pero eso no da permiso para desquitarse con los niños. Le dije: ¿por qué no lo tomas y le das un beso? Si le transmites tu cariño, ese niño será un bálsamo para tu estrés. Pero si lo tratas mal, eso sólo aumentará tu tensión.

Decirle esas palabras a la mujer la dejó tranquila por un rato. Pero luego se sintió culpable. Después de todo -reflexionó- , ni las madres, ni los padres, ni los profesores están preparados para cambiar el modelo de crianza que se ha impartido de generación en generación, donde el castigo y la imposición de disciplina parecen ser las únicas herramientas para imponer normas y límites a los niños.

A esas madres, a esos padres y a esos profesores, está dirigido su último libro, "Educar las emociones, educar para la vida" (Editorial Vergara) -que se presentará este próximo domingo 9 de noviembre en la Feria Internacional del Libro, una suerte de secuela de su primera entrega, "Niños con pataletas, adolescentes desafiantes", donde analizaba cómo las conductas rebeldes infantiles debían tomarse como señales de un problema, más que como simples caprichos.

Esta vez, el tema principal es cómo los adultos -que se quejan de estar criando niños cada vez más insolentes, desafiantes, rabiosos y que no saben tolerar la frustración- pueden revertir este panorama y educar las emociones de los niños desde sus primeros años de vida.

- Hay una tendencia erróneamente implantada entre los adultos a disciplinar a los niños antes que educarlos emocionalmente, y esto tiene un tremendo impacto más adelante en su adolescencia y adultez, cuando salen y se enfrentan a la vida, en lo que se llama la "inteligencia emocional".

Un niño sin educación emocional, dice, después se va a mostrar como un jefe descalificador, insolente, que no sabe escuchar y que no sabe comunicarse con sus subalternos; también tendrá problemas con su pareja y con sus cercanos. Será una persona llena de resentimientos, que no cree en sus capacidades y es dependiente emocionalmente.

- A los hijos no hay que educarlos para que se porten bien en el día y los dejen leer el diario; hay que educarlos para el futuro. Para que 20 años después puedan ser adultos educados emocionalmente. Hay un dicho muy bonito: los hijos son nuestro futuro, pero no es así. Nosotros somos el futuro de nuestros hijos, porque como los eduquemos hoy será cómo serán ellos en el futuro.

Pero, ¿qué significa educar las emociones?

Para explicarlo, la doctora Céspedes parte por hacer una distinción entre ese concepto y lo que los padres hacen hoy en la crianza.

- Hay que hacer una distinción entre disciplinar y educar emocionalmente. Disciplinar significa poner énfasis en el mal acto que cometió un niño y que amerita una sanción. El énfasis está en qué castigo le voy a dar. Educar las emociones, en cambio, no considera el hecho, sino por qué se produjo, y por lo tanto nos da un momento ideal para reflexionar con el niño, invitarlo a que se dé cuenta del error que cometió para que no vuelva a hacerlo.

Un padre que educa emocionalmente, ejemplifica la especialista, antes de castigar se hace varias preguntas: ¿Qué llevó a mi hijo a portarse mal? ¿Impulsividad? ¿Falta de reflexión? ¿Se dejó llevar por los amigos? ¿Quizás no supe escuchar lo que me estaba pidiendo? Pero a los padres les cuesta actuar así.

- El niño hace una rabieta y el papá dice: cállate, y no me sigas hablando así, que soy tu padre. Si no, te vas castigado. Pero no escucha qué es lo que quiere decir el niño; entonces ese niño, ante el grito del padre, grita más fuerte, y el castigo es más fuerte. O bien, vuelve a repetir la falta porque no entiende por qué lo castigaron. Hay que enseñarles a los padres qué quieren decir los niños y por qué quieren decirlo.

Las trabas de los padres

La doctora Amanda Céspedes reconoce que muchas veces el concepto de "educación emocional" es malentendido por los padres. En su consulta, muchos le enrostran: usted nos está enseñando a dejarnos dominar. Pero ella les explica que es justamente lo contrario.

- El padre que escucha, que contiene y que acoge es un padre que se valida frente al niño en el verdadero poder, que es el de respetar al otro, el de la admiración por ser acogedor y el poder del cariño. Los niños dicen: quiero mucho a mi papá y a mi mamá porque me saben escuchar. Pero los padres de hoy creen que son más débiles si escuchan a sus hijos - grafica la especialista.

Luchan, además, con varios factores que les juegan en contra: están menos en casa, "y el poco tiempo que están consideran que su deber es mantener el orden y evitar que los chicos se les desbanden. Llegan a la casa desde el trabajo y se centran en la disciplina: ¿Hiciste las tareas? ¿Arreglaste tu mochila? ¿Por qué dejaste tan desordenada tu pieza? ¿Te bañaste? Entonces comienzan los castigos", enumera Amanda Céspedes.

También, sus hijos reciben influencia no sólo de ellos, sino de la televisión y los videojuegos, donde ven adultos que descalifican a sus adversarios y los tratan con violencia, les hacen bullying. Y, además, les cuesta desprenderse del castigo como medida base de la educación.

No es que la doctora Céspedes sea partidaria de eliminar por completo los castigos. Prefiere llamarlos de otra manera: sanción. Y así lo ejemplifica:

- Si me paso una luz roja y el carabinero me hace sólo una señita y me deja pasar, voy a volver a cometer el mismo error. Por eso, en la crianza es necesaria la sanción. Pero es distinta una sanción acompañada de una conversación sobre lo que ocurrió a un simple castigo.

En el libro "Niños con pataletas..." cuento una historia de un padre que, frente a sus niños que jugaban saltando en el bus, toma a una de las niñitas del pelo y la arrastra hacia él. Eso es un castigo. Pero si ese papá hubiera dicho: a ver, por qué están actuando así, y los hubiera contenido, les hubiera dado una solución al por qué los niños estaban saltando, nada habría pasado: el papá no los habría tocado ni se habría impuesto por la fuerza. Ese papá tenía 1.90 de estatura; esa niñita, con un metro 10 ¡cómo se habrá sentido agarrada por esas manos!

También cometen un error los padres que sufren de aversión al castigo, aquellos que temen enfrentarse con sus hijos, ya que, advierte la neurosiquiatra, el mundo emocional de esos niños se vuelve vacío, "sin Dios ni ley, ya que desconocen límites, lo correcto de lo incorrecto; carecen de lo esencial del ser humano, que es el desarrollo ético".

Los cimientos de una buena educación emocional

Para educar las emociones, advierte la doctora Céspedes, los padres tienen un tiempo acotado con sus hijos: los primeros 15 años de vida. De los 0 a los 7 años deben implantar normas, y de los 7 a los 15, imponer límites.

- Si hacemos las cosas de esa manera, todo resulta tremendamente fluido, y muchas veces, aunque el niño sea difícil, no es necesario castigarlo - explica.

Las normas son inamovibles, no debieran ser más de cuatro o cinco, y deberían implantarse con fuerza a partir de los dos años de vida del niño. La más importante de todas es el respeto. El problema que ve en los padres, dice la especialista, es que éstos esperan hasta muy tarde para exigírselas al niño, y también se las imponen sin respeto.

- Esto ocurre, por ejemplo, cuando golpeamos al niño porque dijo una palabrota. El niño dijo algo sin respeto, pero el padre también lo trata sin respeto. O le grita. O lo trata con violencia.

Los límites, por su parte, pueden consensuarse con los niños, pero en ningún caso se pueden transar.

- Si a un niño de 11 años se le dice que puede ir a una fiesta sólo hasta las 12 de la noche, es sólo hasta las 12. Si el niño insiste tanto en querer volver más tarde y la mamá dice: me tienes cansada, ya bueno, vuelve a la hora que quieras; si rompe una vez el límite, ya nunca más podrá imponer un límite. En eso falla la mayoría de los padres: aplican límites según su estado de ánimo. Cuando la mamá está de buenas, es mucho más permisiva, y cuando está de malas, es mucho más castigadora. Y para qué decir los papás: los niños le miran la cara y saben como viene, si les va a permitir hacer todo, desde prepararse una pizza arriba de la cama, hasta prohibirles todo y mandarlos a la cama a cada uno con un correazo. Eso es un error tremendo.

Para los padres, hacer el cambio y modificar estas actitudes no es algo que ocurra de un día para otro. Es un trabajo consciente de meses, en los que se debe trabajar por crear un "clima emocional" seguro, donde, describe, los niños sean respetados por igual, donde haya una aceptación incondicional, los padres expresen su afecto en actitudes y palabras, y sobre todo exista comunicación afectiva.

- Los padres deben identificar estos factores y proponerse, por ejemplo, trabajar un factor cada dos semanas. Primero, trabajar el tema de la aceptación incondicional: cambiar la frase hijo, ¿cómo puedes ser tan tonto..?, por hijo, has hecho una tontería. Luego, el respeto: mirarme al espejo, y ver cómo lo trato. Un mes después voy a trabajar comunicación afectiva, y para eso voy a tener que estudiar, ya que requiere mucho trabajo práctico de entregar amor a los niños. Luego, hay que darles oportunidades de crecimiento personal a los hijos.

Otro factor importante es enseñarles a resolver creativamente sus conflictos.

- Por ejemplo, un niño que en marzo llega contándole a la mamá que tiene una profesora antipática: Mamá, yo no la voy a tolerar, porque es gritona, nos amenaza con llevarnos a la inspectoría, la mamá tiene que decirle que todos tenemos cosas negativas. Que, por ejemplo, escriba un papel con una rayita al medio y ponga en él las cosas negativas de su profesora, pero también las positivas, y que ella le enseñará a agrandar las cosas positivas, y achicar las malas. Tiempo después, quizás, el niño descubra que la profesora jefe también es la profesora de educación física, y que por ahí pueden hacerse amigos. Eso es resolver un conflicto. La vida está llena de conflictos y necesitamos ser flexibles y tolerantes.

La educación emocional en el colegio

"El colegio, tal como los padres, también debería ser un agente de educación emocional en los niños. Sin embargo, en la mayoría de los casos no ocurre así. "El principal responsable de la falta de educación emocional en la escuela es el desgaste emocional de los profesores", acusa la doctora Céspedes.

El peor educador emocional en la escuela es el profesor deprimido "por todas las razones que sabemos: malos sueldos, aulas atestadas. Y el segundo factor que influye es la falta de conocimiento de sicología del desarrollo, que los profesores aprenden en la universidad de forma muy teórica. Muchos llegan con un total desconocimiento del púber y del adolescente, y el profesor educa de manera intuitiva. Se entiende que el niño va a aprender conocimiento y cultura y eso es un error garrafal, porque el niño va a aprender como persona, y el colegio debe intervenir en lo emocional".

Un tema aparte es el bullying que se produce al interior de los colegios. 'Se les pide a los colegios que resuelvan el problema, y los responsables del bullying no están en la escuela, sino fuera de ella. Es la educación emocional autoritaria y castigadora, y la violencia intrafamiliar, además de los programas y juegos de video violentos. El victimario es la casa, y la víctima el colegio", dice la neurosiquiatra.

Magdalena Andrade N. Martes 4 de noviembre de 2008, Revista Ya, El Mercurio.

5.12.09

CLAUDIO NARANJO, CAMBIAR LA EDUCACIÓN PARA CAMBIAR EL MUNDO: "Sólo una educación más humana puede transformar la sociedad"


El psiquiatra Claudio Naranjo, en su libro "Cambiar la educación para cambiar el mundo" hace incapié en la necesidad de tener una verdadera educación para el desarrollo humano como única alternativa para tener una mejor sociedad.

«Estoy convencido que la educación será nuestra mejor esperanza, pero de ninguna manera la educación que tenemos. Tenemos una educación para que nuestra próxima generación se nos parezca, pero nos urge tener una educación que nos ayude a evolucionar –personal y socialmente- para que podamos así dejar atrás nuestras plagas».

Naranjo —representante de las nuevas terapias gestálticas y pionero de la psicología transpersonal— cree que el sistema educativo, por lo menos en Occidente, es un fraude, un sistema deshumanizado, automatizado y globalizado que se encuentra a merced de una fuerza invisible y poderosa que controla el dinero. «No es la guerra, ni la política ni el mercado: sólo una educación más humana puede transformar la sociedad».

Naranjo empezó a interesarse en la educación en los años 60, a raíz de un encargo que le hicieron en el prestigioso Standford Research Institute (SRI). Le pidieron que revisara todas las técnicas contemporáneas de desarrollo humano tanto surgidas en el mundo de la terapia como en el de la espiritualidad y de la educación, para buscar principios comunes. Entonces se dió cuenta de que, aunque existan esas tres instituciones tan diversas —la que se ocupa de la salud mental, la que está enfocada a la educación y la religiosa—, las tres son acercamientos a una misma realidad del desarrollo humano.

Él cree que la educación debería de dejar de ser un traspaso de información e incluir aspectos afectivos, y está convencido de que hay que cambiar al maestro para mejorar la educación. «Se supone que un profesor es una persona que ha alcanzado un desarrollo suficiente como para poder educar y no solamente ser una máquina de transmitir información». «Los educadores no se sienten en esa abundancia interior, se sienten bastante raquíticos como personas, y si hablamos en términos psiquiátricos, bastante enfermos».

"El niño aprende de lo que uno es" (Entrevista al Dr. Claudio Naranjo por David Barba en el diario La Razón, Viernes, 23 de noviembre de 2007)

¿Por qué es tan difícil cambiar el sistema educativo?

"El sistema educativo sufre una notable inercia burocrática. Además, el mercado de trabajo es caníbal y la Academia prostituye a los educadores".

¡Pobrecitos! Nadie los quiere.

"No los quieren los padres, ni los niños... La sociedad no les venera como veneraría a un verdadero educador. Sufren enfermedades psicosomáticas, depresiones, bajas laborales..."

¿Qué diantre ocurre?

"Que la educación no educa: es un fraude. Te vende grandes conceptos, pretende enseñarte cuál es el secreto de la vida... y luego no aporta más que hechos científicos, cuando lo que necesita un niño es conocerse a sí mismo."

¿Qué tiene de malo el álgebra?

"Lo malo es educar sin amor. Los niños se rebelan contra una educación que se les vende "por su propio bien", pero que distrae de las cosas verdaderamente importantes de la vida."

¿Y qué debería enseñarse en clase?

"Virtud, en el sentido griego. Y autoconocimiento. Y sed de búsqueda. También podemos preguntarnos cómo enseñar."

Usted dirá, profe

"Somos seres tricerebrados. La neurociencia nos enseña que tenemos un cerebro racional, otro afectivo y otro instintivo. La educación debería contribuir a armonizar esas tres partes. Se pretende que el niño renuncie a su instintividad, que se esté quieto."

El amor tampoco cabe en clase

"Y es una pena. Cultivar el amor es fundamental. La falta de afectividad en la relación entre el maestro y su discípulo es una fuente de neurosis. También hay que amarse a uno mismo, y eso no está bien visto."

Los seres humanos estamos sedientos de amor y...

"Hay una enorme sed metafísica insatisfecha y vivimos rodeados de una poderosa industria de distracciones que nos impide abordarla. Lo importante es conectarse con ese vacío y no llenarlo con lo primero que encontremos."

¿Cómo evaluaríamos a los alumnos en su escuela ideal?

"Las cosas que de verdad interesan se aprenden por amor al conocimiento, y no por miedo al suspenso. Los exámenes matan la enorme curiosidad de los niños. Y lo aprendido a la fuerza se olvida enseguida."

Hoy se habla mucho de educar en valores

"Educar en la virtud no es algo que se pueda hacer con prédicas. Si un profesor no es libre, no puede enseñar libertad. El niño aprende de lo que uno es, no de lo que uno dice."

¿Cuál es nuestra mayor resistencia al cambio?

"La religión del mercado. Se enseña a los niños a ser productivos, a ocuparse mucho del dinero. Esto se traduce en un empobrecimiento del alma."

¿Cómo anda de esperanza?

"Edgar Morín" me confió una vez que quizás el gran desastre que se avecina sirva para cambiar nuestra conciencia."

No me asuste.

"A veces, ante una gran tragedia, la gente abre el corazón. El cambio climático hará la vida más difícil. La sociedad deberá cambiar o sucumbir. Pienso en qué futuro les espera a nuestros nietos. Por ello la educación es mi mayor esperanza."

"Buscamos con soberbia el saber" (Entrevista a Naranjo en diario La Nación).

-¿Cuál es hoy la falla más importante en el sistema educativo?

-La educación hoy es un fraude. Instruye pero no educa. No contribuye al desarrollo integral de la persona, se ocupa de cultivar la mente del niño, pero no presta atención a sus deseos y emociones. No estamos educando para la felicidad, entendida como camino para el servicio y la vida. No se busca que los chicos sean seres autónomos, conectados con sus deseos y su individualidad. La educación se ha deshumanizado; está automatizada, globalizada, y se encuentra a merced de los intereses del mercado transnacional, de una fuerza invisible y poderosa que controla el dinero.


-¿Qué tipo de transformación necesitan los educadores?

-Los formadores precisan aprender lo que las universidades no le ofrecen: emprender un camino hondo de autoconocimiento, de sanación para convertirse en personas plenas, ancladas en su esencia; individuos con vínculos sanos. Creo haber desarrollado un método para lograrlo que hace hincapié en la meditación, el desarrollo de la atención, la quietud de la mente como vías de introspección. Mi teoría es que, si un maestro quiere enseñar a su alumno a ser libre, pacífico u honrado, él debe primero trabajar sobre sí mismo para alcanzar estas virtudes y luego transmitirlas.


-En su libro, usted propone que la educación asuma su potencial salvífico. ¿En qué sentido puede salvarnos?

-La educación debería colaborar en desarrollar seres humanos completos, integrales y puede ser salvífica si tiene en cuenta los tres niveles de evolución de nuestro cerebro: el instintivo, el afectivo y el racional. Hoy predomina el último por el paradigma racional de nuestra cultura; buscamos con soberbia el saber. Las escuelas descuidan los aspectos instintivos relacionados con el deseo y la afectividad.


-¿Los colegios y las universidades deben dejar de transmitir conocimientos, habilidades y competencias para formar futuros profesionales?

-No. Por supuesto: deben transmitir conocimientos y estimular el desarrollo de habilidades, pero sin descuidar la individualidad de cada alumno, sus aptitudes y deseos. Hay que educar para ser, fomentar en los chicos un camino de encuentro con su esencia. Si vivimos desconectados de nosotros mismos, siempre buscaremos llenar un vacío interior en el exterior. Ningún bien material (auto, departamento, viaje); ningún cargo o empleo, por más prestigioso y remunerado que sea, puede llenar ese vacío. Mi propuesta es ayudar al maestro y al chico a encontrarse consigo mismo, incluso animarse a sentir el vacío que todos tenemos dentro, y emprender luego un camino de búsqueda e integración. Una persona anclada en sí misma, auténtica y madura encontrará en la sociedad un buen lugar para desarrollarse profesionalmente y, lo más importante: vivirá contenta.

Fuente: Diario LA NACIÓN

En el Sitio de Claudio Naranjo se pueden leer partes de su libro "Cambiar la educación para cambiar el mundo".

1.12.09

SIR KEN ROBINSON: "La educación ahoga y margina el talento"

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- El experto mundial en creatividad abrió el I Foro Mundial del Talento en la Era del Conocimiento

- Más de 300 personas asisten a Ágora Talentia, un congreso que busca las claves del talento

M. CARMEN GARDE . PAMPLONA . Jueves, 12 de febrero de 2009

Paul McCartney odiaba la música cuando iba a la escuela. El mismo rechazo sintió el guitarrista de los míticos Beatles, George Harrison. Y a Elvis Presley le negaron la entrada al club de canto de su colegio. Estos tres ejemplos fueron utilizados ayer por el gurú mundial de la creatividad, Sir Ken Robinson, para cuestionar el sistema educativo. ” Pasaron por la escuela y nadie detectó que tenían talento para la música.

La educación ahoga y margina el talento”, afirmó ante los más de 300 asistentes de Ágora Talentia, el I Foro Mundial sobre el Talento en la Era del Conocimiento y que concluye hoy en Baluarte.

Por el contrario, el experto contó que la madre de un niño que con seis años andaba con las manos alentó la aptitud natural de su hijo y lo inscribió en un gimnasio. “Podía haberle dicho que dejara de hacer tonterías. Ese niño es Bart Conner, el atleta más laureado de la historia de la gimnasia masculina de EE UU”.

Para Sir ken Robinson es falsa la idea de que el talento es propiedad exclusiva de un puñado de privilegiados. “Todos tenemos talento. El punto de inflexión es cuando amas aquello que haces. El talento tiene que ver con descubrir aptitudes naturales y alentarlas activamente. Tengo el convencimiento de que la mayoría de adultos no tienen ni idea de cuáles son sus talentos, que dedican sus vidas a trabajos que quizás les parecen interesantes, pero no sienten pasión”.

Pensar de forma diferente

El experto habló del talento como un recurso humano y lo comparó con los recursos naturales porque “no suelen estar en la superficie , hay que sacarlos a la luz”. Para lograr que el talento aflore se tienen que dar las circunstancias. “Nuestro gran problema es el sentido común”, apuntó Robinson, porque “somos una generación con una mentalidad lineal”, que da muchas cosas por sentadas que no son ciertas. Lo ilustró con un ejemplo. “En una guardería había un cartel que decía: la universidad empieza en la guardería. No es así. La guardería empieza en la guardería. La vida no es lineal como supo ver la madre de Bart Conner”.

Que el talento es diverso y que no está restringido a unos ámbitos determinados fue otra de las tesis defendidas. “Es necesario potenciar la diversidad para autorrealizarnos”, dijo el gurú porque “la única forma de descubrir talentos es pensar de forma diferente”.

La educación, a su juicio, juega un papel fundamental, aunque no el único. “Los niños de ahora harán trabajos que aún no están inventados. Para que las economías prosperen necesitamos niños que piensen de forma creativa y entiendan los valores culturales. La creatividad son ideas originales que tienen un valor”, afirmó Sir Ken Robinson. “Necesitamos profesores que no sólo sean capaces de enseñar cosas, sino que dejen a los niños espacios para cultivar su talento. Cada persona aprende de forma diferente, por eso es importante la forma de enseñar”, afirmó el experto, para quien “”ha llegado el momento de financiar el talento”.